La vida es muy corta y el tiempo es oro, pero si por un instante te detienes a pensar en lo que realmente vale la pena en ella y paras tu mundo por un segundo, las cosas parecerán ser más fáciles.


01 febrero 2012

Capitulo 4




CAPITULO 4

  • Mira, levanta que te espera Oliver-dijo mi madre.
  •  ¿Oliver? ¿Qué hace él aquí?
  •  No sé, pregúntaselo a él ¿no? – dijo mi madre.

Me vestí y baje.

  • Hola, perdona pero… ¿Qué haces aquí? – le dije tímidamente a Oliver.
  • ¿No puedo visitar a una amiga? – dijo Oliver mostrando una sonrisa traviesa – Bueno, no es eso. Resulta que una chica con la que me había tocado en el aula de castigo no vino a clase y la profesora de Biología me mando a buscarla.
  • ¡Que! ¡Oh no! Se me había olvidado. Sorry. Pero igual ya habrás terminado el trabajo ¿no? – Cara de niña buena.
  • Pos no. Ni sueñes que vaya a cargar con el tuyo también. Lo haremos los dos, dividiremos el trabajo en partes iguales y no te vas a librar. – Me dijo con una mirada de las que saltaban chispas de orgullo.
  •  ¡Ah! Bien, mejor, porque no necesito que nadie me haga nada y menos tú. Aunque… no creo que hubieras podido cargar con mi trabajo también. Después de todo eres un debilucho – le dije soltando unas risas por lo bajo.
  • Piensa lo que quieras, pero yo no soy el que ni se podía sostener, ni el que lloraba la otra vez ¿no?
  • No te necesito, ni me vuelvas a ayudar en nada ¡vale! – le dije muy seria.
  • Como quieras. Solo vine a avisarte, ya me marcho.
  • Vale. Adiós y no vuelvas.
Me tiré la tarde terminando de hacer los deberes y estudiar. << A este ritmo no creo que me dé tiempo a aprenderme el guión para el concurso>> Ya cuando terminé era muy tarde por lo qué me acosté sin cenar, no tenía ganas. Solo quería dormir cuando me pasó algo por la cabeza en lo que no me había percatado.
  • <<…que raro… actúa como si nada hubiese ocurrido…>> Pensaba mientras cogía poco a poco el sueño. Hasta que finalmente quedé dormida.


    ---------

     El día siguiente se me hizo eterno, aburrido, clase tras clase cuando por fin llegó la hora de irse y encontré a la profesora de Biología, Angela esperándome en la salida del instituto.
  • ¿Puedes venir conmigo un momento? – me dijo muy seria.
  • Si claro. – La seguí por el pasillo de la sala de profesores, que conducía al despacho de la profesora de Biología.
Yo estaba nerviosa, no la soportaba y ahora menos asolas. Entró en el despacho y yo seguidamente de ella. Y en un segundo la profesora desapareció, no estaba por ninguna parte y yo no sabía que hacer por lo que me dirigí apresuradamente a salir del despacho pero no había puertas, todo eran paredes de color ámbar. Ni una ventana, ni una sola grieta o desperfecto, no había nada.
  • - Mirrraaa, Mirrraaa-me decía una voz en susurro.
  • - ¿Angela? ¿Eres tú? – Le dije nerviosa.
  • - Mirrraaa, te he encontrado. – soltó una carcajada histérica- Te he encontrado, he encontrado a la reina perdida, a la reina de los férricos-soltó otra de sus carcajadas histéricas. Y cuando se calmó apareció delante de Mira (situada de rodillas en el suelo) la cogió del pelo y la levantó con brusquedad  pasando una de sus afiladas uñas por sus mejillas mientras ella intentaba desesperádamente deshacerse de Angela.
    Mira,  no podía gritar, no podía moverse, no podía controlar los sentimientos desbordándose en su corazon. El miedo le aprisionaba el corazón, el dolor hacía que sus lágrimas salieran desbordándose cuando ella luchaba desesperádamente por que pararán. Su cuerpo no respondía. Se había quedado paralizada, mientras que poco a poco iba quedando inconsciente.


                                      –—


Oliver antes de marcharse vio como Mira perdía el equilibrio y caía. Este la cogió y la acomodo apresuradamente como pudo en la alfombra del salón.
  • ¡Mira, Mira! Despierta Mira. – le decía a Mira sacudiéndola - ¡Gaeda! A Mira le pasa algo, ven corre. - Entra  Gaeda corriendo a socorrer a Mira tendida en los brazos de Oliver. Se acerca a Mira y la mira aliviada y dice : 
  • No te preocupes tanto, está sumida en un profundo sueño, del que seguramente tardará en despertar. - Dice tocándole la frente con un suspiro.
  • ¿Qué tipo de sueño?
  • Uno muy real. – le dijo dirigiéndole a Mira una amarga y larga mirada.
Pasaron las horas, no sé exactamente cuántas pero pasaron lentamente.  Cuando Oliver vió como empezaba a sangrar una de las mejillas de Mira y llamó a Gaeda que estaba preparando una especie de infusión para cuando despertase Mira.
  • ¿Que quieres?.
  • ¡Mira!, esta herida.
  • ¿Pues a que esperas?, ve a coger un paño y limpiale la herida.-le dijo aparentando tranquilidad.
  • Ya, que fácil es decirlo ¿Qué pasa no te preocupa tu hija, Dríade? – le dijo mirándola muy serio.
  • ¡Qué! ¡Cómo! - conmocionada - ¿Cómo, como sabes eso? – le dijo al fin nerviosa.
  • No, no ahora no me digas que no te acuerdas de quien soy yo.
  • ¿Cómo iba a acordarme de ti, si solo te conozco porque vas a la misma clase de mi hija? – le dijo aun confusa.
  • ¡Madreee! ¿Por qué me meteré donde no me llaman?- Serenándose –será mejor que bajemos al salón y hablemos ahí del tema. 
    Bajaron al salón en completo silencio, sin ni siquiera mirarse.

           –—


Mira comenzaba a abrir lentamente sus ojos azulados. Se incorporo lentamente sintiendo rota cada parte de cuerpo y su mente, todavía perdida. Se dirigió al espejo más cercano a ella, se miró y se vio más pálida que nunca con un largo arañazo pasando por su antigua sonrojada mejilla. Poco a poco iba recordando el sueño que tuvo hace unos momento, que en realidad y ella desconocía habían sido horas, casi un día entero.
Ya vestida bajó al salón y encontró ahí a Oliver y Gaeda discutiendo en una lengua que Mira desconocía. Se escondió, y puso todos sus sentidos alerta. Veía como Oliver hablaba en la lengua desconocida y como Gaeda quedaba impresionada y confusa al mismo tiempo sin dirigirle ninguna palabra << Espera - dijo Gaeda de repente>> por arte de magia desapareció.

  • ¿Mejor? – dijo Gaeda sobresaltando a Mira.
  • ¡Qué! ¡Cómo! – le dijo sin todavía poder creérselo.
  • Ya te lo explicaré, vamos.
  • ¿Cómo has hecho eso? ¿y en qué idioma estabais hablando? ¿Y cómo es que Oliver sabe hablar también…? – tenía muchísimas dudas, y si estaba furiosa ¿Cómo que yo, su hija, no sabía nada de nada?
  • No hagas tantas preguntas a la vez, te explicare todo, pero a su debido tiempo. ¿Te acuerdas del sueño que has tenido? – Me dijo seria.
  • Sí, creo. ¿qué pasa con él?
  • Tu cuéntamelo ¿vale?
  • ¡No! Ya estoy harta, cuéntame lo que ocurre tu primero. Siempre me tratas como una cría creyendo que no tengo derecho a saber de ti, creyendo que no tengo derecho a saber de nada.¿ Pues sabes una cosa? si yo no voy a saber nada de ti tu tampoco sabrás nada de mí. – le dije elevando la voz, y muy enfadada sin percatarme de la presencia de Oliver.
  • ¡Mira!, no deberías haberle dicho eso. Ella solo intenta hacer lo correcto.
  • ¿Qué? ¿Lo correcto? ¿lo correcto, de qué? - le dijo Oliver
  • ¡De protegerte! – me dijo Oliver impasible.
  • No tiene porque protegerme de nada. – le dije calmando  la rabia que latía en mi interior y salí corriendo hacia la calle.
Me adentré en el parque (al que solía ir de cría cuando necesitaba estar solo o bien para jugar con los animales), todavía pensando en lo que le dije a Gaeda y en el sueño que tuve. Me rondaban en la cabeza muchas dudas, preguntas… y sin embargo la única que podía responder a mis preguntas era Gaeda, o no puede que el anciano  Cor-las supiese algo. Seguí dando algunas vueltas mas por el parque sin percatarme de que poco a poco la vegetación iba cambiando, se estaba volviendo mugrienta, las flores se estaban pudriendo… 
  • ¡hey! ¿Qué pasa? – dije cuando algo me empujó y caí al suelo. Era una yegua, de un marrón brillante con las crines cayendo de lado, sedosas y adornadas con trenzas.             
  • Perdone princesa  pero ¿sabéis montar a caballo? – me dijo la yegua con una bella voz femenina.
  • ¿Qué? ¡pero si puedes hablar! … noo esto no es posible, estoy soñando – me dije hiendo de un lado a otro.
  • Princesa no es momento de hablar hay que huir.
  • -¿huir? ¿de qué? – pero no contesto porque en ese momento subí encima de la yegua por instinto ya que mi corazón sintió un escalofrío de terror.
  • ¡Por fin!, ya pensaba que tenía que dejarte inconsciente.
  • ¡Cómo! Oh no tu dejarme a mi inconsciente, ni lo sueñes.
  • No me dijeron que la princesa iba a ser cabezona – dijo entre risas femeninas. – y ¿cómo te llaman?
  • Mira. Y a ti ¿Cómo te llaman?
  • No tengo nombre, deberías saberlo. – le dijo la yegua con amargura mientras galopeaba con elegancia  rápida.
  • No, no lo sé. – le dije sumiéndome en mis pensamientos, recordando mi anterior discusión y mi extraño sueño.
  • Gaeda no te lo ha contado todavía ¿cierto? , pos iremos a tu casa a hablar con ella. ¡ahh! Por cierto no soy una yegua soy una Dríade, como tu madre.
  • ¿Qué es una Dríade? y mi madre… 
  •  Una Dríade es una ninfa del bosque y Gaeda solo aparenta una persona humana adulta pero en realidad es haber, una joven bellísima con otro cuerpo. – bajando la voz-Ella no es tu madre. Tus padres están, bueno muertos. Fueron asesinados para ocupar su trono, pero no sabían que ellos tuvieron una hija, y cuando se enteraron fueron en tu busca y encargaron la misión de tu protección a Gaeda.
  • ¿Y cómo es que lees mi mente?
  • No leo tu mente – me dijo con un tono molesto en su dulce voz.-Solo que puedo ver tus sentimientos. Hay todo tipo de dríades y bueno yo soy de las que pueden ver los sentimientos de los seres.
             

Aprendí que si los humanos aprendemos a amar también aprendemos a sentir en odio y la venganza.
Pero hay una cosa más, aprendí que tu sonrisa es mi salvación. :D