Cecilia Yacobi 3ºD
Súbitamente se movierón las hojas dejando al descubierto una vieja lápida, desgastada por el tiempo. Una joven de cabello negro y rizado la observó con lágrimas en los ojos. Solo había una expresión en su rostro: dolor. Dolor que se presenta en todas formas. Un calambre en el músculo de la pierna, un dolor de cabeza, un corazón roto, una pérdida... Hay tantas clases de dolor, y sin embargo, tan solo unas pocas se hacen insoportables.Una de ellas, la muerte.La chica cerró los ojos y una lágrima que se le había escapado rodó por su mejilla lentamente, dejando un surco desde el ojo hasta la barbilla. Cayó sobre la lápida de piedra.
Ella se preguntaba por qué merecía ese castigo.¿qué había hecho?¿Tan grave fue su ofensa?¿O acaso tan sólo quiera divertirse con el sufrimiento de su alma aquel que la tiene en su poder cuál objeto? Realmente¿merecía tal sufrimiento?
La chica se agachó y acarició con sus dedos temblorosos la lápida. Un sollozo escapó de su pecho.
La tumba mostraba grandes símbolos de estar abandonada desde hacía mucho. No había flores, ni velas, ni fotos, ni firmas de amigos o familiares, como si nunca la hubieran visitado.
La joven se agarró los costados, hincándose las uñas en las costillas cuando se abrazó así misma, intentando mantenerse de una sola pieza.
¿Por qué sufro de ese modo? ¿Por qué podía amar y a ella no le correspondía ser amada?¿Por qué su alma, despedazada sufría tanto?¿No había un límite para el dolor?¿Era infinito?¿O es que debía hacer que su corazón dejara ya de latir para que su alma pudiera descansar al fin? Porque ella le había amado. Y cuando ella desapareció, él ni siquiera pareció notarlo. Y ahora sólo le quedaba una pregunta en mente"¿Y si yo hubiera...?"
Ahora se preguntaba en su mente ¿solución para el problema? Y su corazón le contestaba siempre lo mismo:" No la hay"
¿Se habría derramado alguna lágrima en su entierro?¿La habrían echado de menos?¿Alguien se había deprimido con su falta?
Sinceramente , ella creía que no. Suspiró y cerró los ojos de nuevo. Lentamente desapareció, y como si fuera una figura hecha de niebla, se deshizo en zarcillos de aire y humo.
A la luz del crepúsculo, solo quedaba una vieja y desgastada lápida, din fecha ni nombre, tan solo un epitafio.
"Aquí yace aquel ser que el mundo deshizo al olvido.
Aquella cuyos sueños terminados de golpe antes de que tuvieran oportunidad de vivir.
Aquella cuyo corazón se oscureció
y dejó de latir sin estar muerto.